Cómo Kobe Bryant fabricó la mente más obsesiva del deporte
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TL;DR
En este video, exploramos cómo Kobe Bryant desarrolló su mentalidad obsesiva y sus hábitos que lo llevaron al éxito en el baloncesto, más allá de sus logros conocidos.
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Estamos de vuelta y estoy emocionado porque la persona que voy a hablar hoy es la persona que me ha impactado a nivel deportivo y mentalidad en mi vida. Hoy te voy a hablar de la vida de Kobe Bryant, pero no como te la sabes, no los anillos, 81 puntos, clavadas, nada de eso. Te voy a contar de cómo se construyó a sí mismo, sus hábitos, sus decisiones, cómo aprendía y cómo superó
decisiones, cómo aprendía y cómo superó los momentos más difíciles en su vida. ni siquiera para admirarlo, sino para robárselo. Por más fue que suene, yo quiero salir de este video con algo que puedo usar en lo mío. Quiero que tú salgas con algo que puedas usar en lo tuyo. Vamos a hacer con Koby lo que Coby hacía exactamente hacia todos los que lo admiraba, estudiarlo para que nosotros
hacía exactamente hacia todos los que lo admiraba, estudiarlo para que nosotros nos quedemos con algo que nos sirva. Y sin más, muchas gracias otra vez por estar aquí y espero que disfrutes del video. Mayo de 1997, playoff de la NBA, los Lakers contra Uta, un partido que puede acabar la temporada. Faltan 5 minutos, el partido está en la balanza y
puede acabar la temporada. Faltan 5 minutos, el partido está en la balanza y el equipo necesita canastas, necesita alguien que se atreva a tirar cuando más pese. El balón termina una y otra vez en las manos del jugador más joven de toda la cancha, un chavo de 18 años que hace unos meses estaba en la preparatoria. Tira la falla, el balón, ni siquiera
Tira la falla, el balón, ni siquiera toca el aro, vuelve a tener el balón, vuelve a tirar, falla. O sea, Airball y otra vez, falla. cuatro tiros al aire en los minutos que definían el partido. Bien laro. Los Lakers pierden, quedan eliminados, acaba la temporada y ese chavo de 18 años que acaba de fallar
chavo de 18 años que acaba de fallar cuatro veces seguidas delante de millones de personas en el peor momento posible se llama Kobe Bryant. Ahora, parate a pensar en eso un segundo, porque hoy cuando decimos Kobe pensamos que es exactamente lo contrario. Pensamos en el asesino de sangre fría, el imparable, el tipo que pedía el balón en el último segundo justamente porque
en el último segundo justamente porque nadie más lo quería, el mamba mentality. Pero yo quiero que arranquemos í en los cuatro airballs, en el fracaso, no en el mito. Porque hay una cosa sobre Kobe Bryant que casi nadie dice o nadie ha dicho y es la más importante de todas. Nadie nace mamba. Cobi no nació siendo el mamba. Lo construyó a
siendo el mamba. Lo construyó a propósito durante 20 años. El mamba no era una personalidad con la que llegó al mundo. No era magia, era solo un don que tenía. era una persona que fabricó pieza por pieza, decisión por decisión, estudiando copiando preguntando hallando y corrigiendo absolutamente todo. Y esa noche de los cuatro aballs,
todo. Y esa noche de los cuatro aballs, de los cuatro fallos, si sabías mirar, ya sabía cómo lo iba a hacer. Y la pregunta que quiero contestar contigo en este video es justo esa, ¿cómo se construye una persona a propósito hasta volverse quien imaginaba ser? ¿Por qué si Kobi lo hizo con el basket, el método
si Kobi lo hizo con el basket, el método sirve para cualquier cosa? Aquí está para mí la llave de todo y por lo que hago este video y la voy a repetir a lo largo del video. Cobi no quería descubrir hasta dónde llegaba su talento, quería descubrir hasta dónde podía llevarlo. Y para entender eso tenemos que ir al principio, que no fue
tenemos que ir al principio, que no fue en Los Ángeles ni en una cancha llena. Fue en Italia con un niño y una videocaetera. Cobi nació en Philadelphia en agosto en 1978. Y sí, ya que estamos con el dato curioso, su nombre viene de la carne. Sus papás vieron Kobe Beef, carne de Kobe en el menú de un restaurante. Les gustó cómo sonaba y así
restaurante. Les gustó cómo sonaba y así llamaron a su hijo. Empezamos con esto para bajarle un poquito el bronce a la estatua para bajarlo con nosotros antes de ser el mito era un niño que le pusieron como un platillo. Su papá, Joe Bryant le decía jelly bean frijolito. Era un jugador profesional de basket.
Era un jugador profesional de basket. jugó en la NBA y luego buscando seguir su carrera se llevó a la familia a un lugar que lo iba a cambiar todo. Italia. Kobi tiene 6 años cuando cruza en el Atlántico y crece í de los 6 a los 13 moviéndose de pueblo en pueblo italiano, según a donde llevar el basket a su papá. Aprende italiano y lo habla con
según a donde llevar el basket a su papá. Aprende italiano y lo habla con fluidez. Juega fútbol en la calle con los niños del pueblo y quédate con ese el fútbol porque le va a dar unos pies, un juego de piernas distinto al de cualquier basquetbolista formado en Estados Unidos. Pero quiero que nos detengamos en algo que es fácil pasar por alto. Cob era el niño extranjero, el
por alto. Cob era el niño extranjero, el americano, el que llevaba a un lugar nuevo cada cierto tiempo, el que era distinto y un niño así muchas veces está solo. ¿Y qué hace un niño obsesionado con el basket solo en un país donde el basket no le importa casi a nadie? Y esta es la escena que a mí personalmente me voló la cabeza cuando la leí. Desde
me voló la cabeza cuando la leí. Desde Estados Unidos sus abuelos y sus primos le grababan partidos de la NBA en cintas VHS y se la mandaban por correo hasta Italia. Cintas de Magic Johnson, de los grandes de esa época. Y esas cintas eran básicamente su cordón umbilical con el juego que amaba. Pero Kobi no las veía como un niño que ve la tele, las
como un niño que ve la tele, las estudiaba, ponía la cinta, veía un movimiento, lo regresaba, lo veía otra vez, la volví a regresar y luego salía la cancha solo a reconstruir ese movimiento con su propio cuerpo hasta que le saliera. Un niño en 9 años, 10, 11, copiando cuadro por cuadro a los mejores jugadores del planeta a 9,000 km
mejores jugadores del planeta a 9,000 km de distancia sin que nadie le enseñara. piénsalo, su primera cancha de entrenamiento no fue un gimnasio con un coach, fue una tele, una videocasetera y una obsesión. Antes de saber jugar bien, Kobilla sabía estudiar. El talento era real, pero el método del verdadero motor empezó con un
método del verdadero motor empezó con un niño solo copiando cintas. Ese niño no quería hacer nada más bueno. Los que lo conocieron de chico lo dicen igual. A Kobi no le bastaba con jugar bien. Quería dominar. Quería ser el mejor. Ya a los 10 años había en él una intensidad que asustaba un poco, una seriedad rara
que asustaba un poco, una seriedad rara para su edad. Y aquí quiero conectar una cosa porque no es solo de COVID. Esto que hizo el niño en Italia tomar a los mejores del mundo, estudiarlos obsesivamente y copiarlos hasta hacer los suyos es exactamente lo que hacen casi todos los grandes en cualquier campo. Los mejores escritores empiezan
campo. Los mejores escritores empiezan copiando a otros escritores. Los mejores músicos aprenden tocando canciones ajenas. Nadie inventa esto desde cero tos empiezan robando de alguna forma. La diferencia es que Cokobi es cuánto lo hacía y con qué hambre. En 1991, la familia regresa a Estados Unidos hacia
familia regresa a Estados Unidos hacia Philadelphia y Kobe llega con algo raro debajo del brazo. Un adolescente que había prendido el juego en soledad de la forma más obsesiva que te puedas imaginar. Ahora tocaba probarlo con los demás. En la preparatoria Lower Marri en las afueras de Philadelphia, Coby deja de ser una promesa y se vuelve un
de ser una promesa y se vuelve un fenómeno. No era el mejor de su escuela. Era uno de los mejores jugadores de la preparatoria de todo el país. Rompiendo récords, llena gimnasios. La gente empieza a manejar horas para verlo jugar. Literalmente, imagínense, en 1996 con 17 años toma una decisión que hoy nos parece de lo más normal, pero que en
ese momento era enorme, casi temeraria y es que se salta a la universidad, entra directo al draft de la NBA. En esa época saltar de la prepa a la NBA casi no se hacía. La universidad era el camino, te daba años para crecer, para madurar el cuerpo, para fallar sin que el mundo mirara. Y COVID renunció a todo eso, 17,
18 años, competir una y otra vez con hombres de 30, contra profesionales hechos sin red de bajo, o sea, sin una seguridad debajo que le asegurara que tú iba a salir bien. Pero es que Coby no quería el camino de todos los demás. El camino de todos era más lento y seguro,
sí, pero él ya sabía dónde iba. A los 17 decidió que no necesitaba el camino de todos los demás, no por arrogancia, por claridad. ya sabía dónde iba, solo quería llegar más rápido. Ahora, aquí había un problema muy grande. Un chavo de preparatoria de 17 años era una apuesta enorme, incierta, el tipo de
apuesta enorme, incierta, el tipo de riesgo que la mayoría de los equipos del NBA preferiría no correr. Y si no aguantaba el físico y si la cabeza no estaba lista, para que un niño, un chavo, así tuviera una oportunidad de verdad, alguien tenía que verlo. Alguien tenía que ver antes que todos los demás lo que esta adolescente iba a llegar a ser. Y ese alguien tiene un nombre y
ser. Y ese alguien tiene un nombre y apellido. Junio de 1996, un gimnasio modesto, un YMCA en Inwood, California. í se organiza un entrenamiento, entretenamiento, un entrenamiento privado para que los Lakers evalúen a este chavo del que todo el mundo hablaba y quien va a verlo es Jerry West. Para
y quien va a verlo es Jerry West. Para que entiendas el peso de esto, Jerry West no era cualquier ejecutivo. Era una de las leyendas más grandes de la historia del basket. De hecho, la silueta del logo oficial de la NBA es ese que ves en todas las camisetas, literalmente es él. En ese momento dirigirá las operaciones de los Lakers. un hombre que había visto absolutamente
un hombre que había visto absolutamente todo lo que el basket podía ofrecer. Para probar de verdad al joven, al chavo, huéas algo duro. Lo pone a competir uno contra uno contra Michael Copper. Cooper un defensor legendario, uno de los mejores defensores de su generación, todavía en forma. La idea era medir al adolescente con un hombre
era medir al adolescente con un hombre de verdad, quizás en el fondo bajarle los humos. Kobi lo destrozó. Y no le hace falta ver más. í mismo, en ese gimnasio, dice, "Ya es suficiente. Este chico es mejor que cualquiera que tengamos en el equipo ahorita." años después de escribir este día con una frase que me encanta, dijo que fue como
frase que me encanta, dijo que fue como ver a Pavarotti, como escuchar cantar a uno de los más grandes tenores del mundo. Era un genio del basket, dijo, de un chavo de 17 años. Ahora, aquí tengo que ser un poco preciso porque esta parte casi siempre se cuenta mal. La versión fácil es Charlotte lo eligió y Coby forzó su salida para irse a los
Coby forzó su salida para irse a los Lakers y eso lo más importante. Lo que de verdad pasó es que Jerry West lo quería acomodar al lugar y armó toda una maniobra para conseguirlo. El que apostó su reputación, el que cambió a un titular por un adolescente de preparatoria, el que lo vio antes que nadie fue West. Casi siempre, antes de
nadie fue West. Casi siempre, antes de que el mundo sepa lo que vale es, alguien tiene que verlo primero. Cuando es una apuesta. A Cobi lo vio Jerry West cuando no era más con Chabu en un gimnasio vacío. Kobei llega a Los Ángeles al equipo que amaba de niño, lo eligen con 17 años y debuta unos meses después como uno de los jugadores más
después como uno de los jugadores más jóvenes en vischa de NBA hasta entonces y casi de inmediato la vida le entrega su primera gran elección en público y de la forma más dolorosa. Volvamos esa noche de 1997, los cuatro Airballs contra Uta su primera temporada de verdad en la liga y falla cuatro veces
verdad en la liga y falla cuatro veces en los minutos decisivos. Los Lakers quedan eliminados a los 18 años. Él tenía 18 años. Para casi cualquier humano esto te marca una forma muy específica. Te da miedo el momento. La próxima vez que el partido esté cerrado, tu cuerpo se acuerda del ridículo y no vas a querer tocar ese balón. Es lo
vas a querer tocar ese balón. Es lo normal y es lo más humano. Con Cobi pasó exactamente lo contrario. Y aquí con 18 años ya se vio entero quién era, mucho antes de que existiera ningún apodo. Los que estaban cerca de él de estos días lo cuentan igual. No hubo reluctancia, no hubo remordimiento, no hubo hundimiento, no se escondió de la prensa, no culpó a
no se escondió de la prensa, no culpó a un compañero, no fingió que no había pasado. Hizo otra cosa, una cosa más importante, una cosa rarísima para un chavo de esa edad. Se sentó a entender por qué había fallado. Analizó los cuatro tiros, uno por uno como un mecánico revisa un motor y llegó a una conclusión que no era de víctima, era de
conclusión que no era de víctima, era de ingeniero. Sus piernas estaban muertas. Había sido una temporada larguísima, agotadora para un cuerpo de 18 años que venía de la preparatoria. En el momento decisivo ya no le quedaba fuerza en las piernas y por eso los tiros se quedaron cortos. No falló por miedo, no falló por falta del talento, falló por fatiga, un
falta del talento, falló por fatiga, un problema físico, mediable y con solución. ¿Y [resoplido] qué hizo con esa conclusión? Pues pasó el verano entero en el gimnasio fortaleciendo las piernas, trabajando la resistencia, tirando miles y miles de veces cansado a propósito para que la próxima vez que un partido dependiera de él en el último minuto, el cuerpo respondiera aunque
minuto, el cuerpo respondiera aunque estuviera exhausto. Eso a los 18 años era todo lo que iba a hacer Kobe Bryan, solo que todavía no tenía el nombre. El fracaso no lo paralizó, lo puso a estudiar, agarró la humillación más pública de su vida y la convirtió en un problema de ingeniería y se fue a resolverlo solo todo el verano. Y aquí
quiero parar de verdad, hacer una pausa porque este bloque de verdad creo que te puedes llevar a tu vida hagas lo que hagas. Cuando la gente habla de mamba mentality casi siempre la reduz en una sola frase. Cobi trabajaba muchísimo, se levantaba a las 4 de la mañana a entrenar y sí, es cierto, pero déjame decirte que esa frase sola no explica
decirte que esa frase sola no explica absolutamente nada. Todos los jugadores de la NBA trabajan durísimo, todos. Ese es el requisito mínimo para siquiera estar í. Hay cientos de tipos que entrenaron como bestias y de los que nunca vas a oír hablar. Así que trabajaba mucho. No puede ser la respuesta. La pregunta correcta no es
respuesta. La pregunta correcta no es cuánto trabajaba Kobe, es cómo aprendía, porque í sí era distinto a casi todos. Déjame mostrarte las piezas de la máquina una por una. Primero, lo de las 4 de la mañana. La gente lo cuenta como una frase de póster motivacional, pero para COVID era pura matemática fría. Lo explicaba más o menos así. Si yo empiezo
explicaba más o menos así. Si yo empiezo a entrenar a las 4 y tú empiezas a las 6 y los dos hacemos eso todos los días durante años, en algún momento la distancia entre nosotros se vuelve imposible de cerrar. Ya nunca me vas a alcanzar. Porque llevo miles horas de ventaja. Así que no se trataba de sufrir por sufrir, se trataba de acumular en
por sufrir, se trataba de acumular en silencio una ventaja tan grande que se volviera matemáticamente inalcanzable. Segundo, era como veía el juego. Cobi no veía partidos, los disecionaba, ponía el video de un rival o de sí mismo y no lo veía de corrido, lo despedazaba. un movimiento atrás una y otra vez, cámara
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